Loreak

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Panamá, cine, escribir, café y aspiradoras.
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Unas flores pueden significar mucho pero no pueden significar nada. Las flores están presentes en la bienvenida de la vida, pero también en la despedida. Uno regala un ramo cuando se arrepiente y quiere pedir perdón, cuando tiene a alguien a quien conquistar, cuando quiere agradecer, elogiar, dar buena suerte, acompañar… y ninguno de estos motivos está hecho con maldad. ¿Cuándo unas flores pueden significar algo malo si “solo son flores”?

La sospecha se encarna en los personajes de Loreak (Flores), la primera película rodada en euskera que llega al Festival de Cine de San Sebastián. Es una historia de vidas cruzadas en la que las vidas de tres mujeres se ven afectadas por la existencia de unos ramos de flores, que son lo suficientemente fuertes como para hacer crecer en ellas sentimientos que creían muertos y olvidados pero inofensivos e inocentes como puede ser un elemento decorativo que aparte de decorar, no sirve para mucho más.

Los directores Jon Garaño y Jose Mari Goenaga se inspiraron en esta historia al recordar la sensación que les apoderaba al ver un ramo de flores en la carretera y quisieron plasmar ese sentimiento a lo largo de toda la película. Por ello se mezcla el suspense y la inocencia, el amor y la desconfianza, de una forma graciosa, fresca y totalmente lograda.

A pesar de que tanto actores, localizaciones e historia sea de origen indudablemente vasco, Loreak presenta sentimientos universales, basados especialmente en la comunicación-incomunicación, cuestión que está siendo tocada con bastante abundancia en las películas del Festival como Aire Libre, Félix et Meira, A Second Chance… Estos conflictos reconocibles y cercanos son plasmados de forma elegante a través de miradas, silencios o sonrisas y hacen que el espectador entienda lo que los personajes están viviendo, hayan vivido ellos o no alguna situación similar.

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La original dirección de fotografía hace que Loreak tenga planos muy atractivos, que a veces jugando con la simetría o prescindiendo totalmente de ella, nos engancha en una historia que, si crees en el destino y en sus jugarretas, difícilmente te vas a desenganchar.

Lo mejor, el guión con sus vuelcos humorísticos; los planos de paralelismo con las flores y la dulzura en la actuación de Nagore Aranburu.

Tienes que ir a ver Loreak si te gustan las historias de vidas cruzadas tipo Crash o Smoke; mezclar emociones como el recuerdo y el olvido; y si un ramo de flores sin mensaje, te ha traído sentimientos encontrados alguna vez.

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